El siniestro mundo de las autoescuelas

Publicado por cosasquedecir

       Como todos sabemos, existen dos mundos, o tres si lo piensas bien, y no me refiero a esos que se inventaron cuatro curas para mantener sometida a la gente a sus doctrinas y pensamientos, como es el cielo, el infierno, y algo así como el purgatorio… sí, sí, ese donde van las almas a esperar si van al cielo o al infierno,vamos como la cola del paro, para que me entiendan… tss y después cuando eres niño los adultos se ríen de tí por creer en el ratoncito Pérez, Papá Noel y demás personajes infantiles (creados todos ellos por los padres para que sus hijos, a los que no han podido comprarles el regalo que pedían, no les echen la culpa a ellos). Pero en fín, como iba diciendo, yo no me refiero a esos mundos, yo me refiero al mundo de los que no tienen carné de conducir y al mundo de los que sí. Bueno, como un tercero, podemos clasificar al mundo transitorio entre ambos ya nombrados, el mundo de las “autoescuelas”. De este en concreto quería hablar yo. Cuando tienes los 17 años estás deseando cumplir los 18 sólo para poder tener carné, que eso de la guagua (o autobús si eres godo), el coche de los demás, los papis… pues no es que te haga mucha ilusión, no hay nada como tener tu propio coche e ir a donde quieras sin depender de nadie. Así que decides adentrarte en el misterioso mundo de las autoescuelas. Si tienes la gran, gran, gran suerte de encontrar una de esas ofertas de verano en las que no tienes que pagar la matrícula, considérate la persona más afortunada del mundo porque de no ser así el sablazo está rondando aproximadamente la centena de euros. Empiezas con toda la ilusión del mundo, al fin y al cabo, por lo menos la parte teórica has oído que es muy fácil. Tras encontrar hueco en uno de los muchos ordenadores que hay para hacer test y de los pocos que medianamente funcionan, comienzas con el primer test. Primera pregunta: “¿A qué velocidad como máximo puede circular un turismo por una carretera como la que se aprecia en la fotografía?”, a ver la susodicha fotografía es más que nada un intento de imagen borrosa en la que supuestamente se puede ver una carretera y sí, he dicho bien, “supuestamente” porque tú lo más que consigues ver es una mancha negra y por mucho que te dejes la vista en intentar escudriñar qué hay en la foto, no lo conseguirás jamás. A partir de ahí tienes dos opciones, o bien preguntarle al típico que lleva mil años en la autoescula pa sacarse la teórica y que se sabe de memoria todas las respuestas de los test, o bien escoger tú mismo la respuesta. Optas por esto último ya que tu compañero, el que se sabe los test de memoria, está palicando con el de al lado y ni por interrumpirlo. A ver… velocidad, turismo, carretera invisible…mmm ¡joder!, no se supone que hay un par de cartelitos redondos en la carretera con un numerito que te dice la velocidad máxima que puedes llevar?, ¿por qué te lo tienes que saber de memoria? Bueno, definitivamente no tienes ni idea así que recurres al viejo e infalible método del pito, pito, gorgorito… y bueno pones la opción “a”. Así continúas con todas las preguntas y cuando lo terminas con tu cara de orgullo por haber hecho tu primer test sin morir en el intento, te dispones a mirar el número de fallos… ¡¿18?!, ¿cómo que 18?, pero si sólo son 20 preguntas, no he podido acertar sólo dos. Tu compañero, ese que no te ha prestado atención en ningún momento por no parar su conversación con el de al lado, en ese preciso momento se gira hacia la pantalla de tu ordenador y te dice: jum! 18!, bastante bien para ser el primero… :O ¡¿Cómo?!, ¿cómo que bien?, ¿es que acaso normalmente la gente suele fallar 30 de 20 o qué? En fin, pasas de discutir resultados y empiezas a corregir el test. En la primera pregunta, aquella de la tan “nítida” foto, la respuesta, cómo no, es incorrecta. Tú pusiste la opción “a” que dice: 80Km/h y es la opción “b” que dice: 90 Km/h. La explicación es muy simple, ya se encarga el sabiondo de tu compañero de sitio de explicartela: “80 Km/h es cuando circulas por una carretera convencional pero con un arcén de menos de 1,5 metros, pero la de la foto es 90 Km/h puesto que esos arcenes se aprecian CLARAMENTE que son de más de 1,5 metros”. ¿Claramente?, pero si ni si quiera veías la carretera cómo ibas a saber cuánto medían los arcenes? En fin, desistes… Los siguientes días sigues haciendo test, por fortuna cada vez con menos fallos, gracias a que has aprendido de los errores y a que no te has vuelto a sentar con el “sabelotodo”. Cuando te sabes los test de memoria, decides presentarte, el “sabelotodo” aún no, el sigue allí viendo pasar a generaciones y generaciones de futuros conductores nóveles. En el examen te toca un test que es una chorrada en comparación con los que has hecho en la autoescuela y apruebas, 0 errores. :D Siguiente paso, las prácticas.

El primer día haces una local, lo que más o menos es para que te vayas familiarizando con el coche. En un principio puedes estar relajado después de que ves que más o menos controlas un poco el vehículo, pero… ¡no!, no te engañes, tú no controlas nada, ¿qué vas a controlar?… todo lo hace él con sus pedales… tss en fin, eso en cierta forma es bueno, antes de que atropelles a alguien… ¡él tiene los pedales! Todo funciona a la perfección , weeeno, vale, que vas como una tortuguita pero más vale prevenir ¿no?. Al principio tu monitor sólo te ha llevado por carreteras con poco tráfico pero para terminar te adentra en el medio del pueblo, justo delante de la plaza, justo delante de la mirada ansiosa de todos tus conocidos de ver como conduces… justo, justo… ¡justo cuando se te cala el coche! Sabes que la posibilidad de que se te trague la tierra cuando lo pidas es imposible así que te limitas a arrancar de nuevo el coche y a bajar la ventanilla porque de buenas a primeras te ha entrado demasiado calor.

Cuando tu monitor te ve preparado/a para que hagas prácticas en Sta. Cruz, te toca adentrate en el mundo de la autopista y , sobretodo, compartir el coche con más personas. Realmente ahí es cuando vives las mejores experiencias en el tiempo que estás sacándote el carné. Cuando te toca con alguien que aprendió a conducir desde los 12 años por lo menos, te sientes el ser más inútil de la tierra, pero cuando vas con la persona más torpe que has conocido en tu vida, te puedes reír como nunca. Vaaale, está mal decirlo, sobretodo porque tú no es que seas precisamente Fernando Alonso al volante pero bueno… es la verdad, acabas descojonándote de todo lo que puedes ver y oír en ese coche. Que si no veo la señal porque me la tapa una farola que está a 10 metros de distancia; que aunque tenga un stop, ¿para qué pararme si no vienen coches?; que no es que yo no esquive, es que ese contenedor está mal puesto; que no es que se me cale porque no controle el embrague, es que el coche no me entiende; que hago un cambio de sentido cuando es un cambio de dirección y viceversa porque aunque sepa explicar lo que son las dos cosas, tú no me dices por donde me meto… En fin, miles y miles de excusas para no reconocer que no sabemos conducir. A ver, no siempre vas del todo tranqilo/a porque vas dentro de un coche que conduce alguien capaz de decir todas las cosas que ya dije antes pero, ¡el monitor tiene los pedales! Por la autopista aunque al principio es lo que más miedo te da, es lo más fácil del mundo weno a no ser que te encuentres al típico capullo, que parece que él nunca ha tenido que sacarse el carné, que como te ve en el coche de la auto dice: “vamos a vacilarnos del que va dentro y a tocarle los… un rato” y sí, te los toca y bien tocados, porque se te cruza de repente, se t para al lado, cuando lo adelantas te acelera para que no puedas y encima se rie en tu cara y te toca la pita. AGS!!! pero bueno, hasta con esas cosas vas un poco tranquilo porque, ¡el profesor tiene los pedales!.

Cuando crees que estás preparado para presentarte, lo haces, y te jode y mucho saber que muchas veces tu aprobado sólo depende de un examinador, al que no le duele que te estés gastando una millonada en que él se de la satisfacción de suspenderte porque: “no le convence tu forma de conducir”, en fin, puede que tengas suerte y que te toque uno con dos dedos de frente y que, viendo que sabes hacerlo, te apruebe. Cuando tienes porfín el carné, te sientes tan orgulloso de tener tu “L” en la mano… Ahora puedes ir a todos los sitios que quieras sin depender de nadie pero… ¡alto ahí! Que no es tan fácil, que el coche de la autoescuela es muy diferente al coche de gasolina que tienes que coger a partir de ahora y que ya no valen excusas, no señor… ahora ¡NO HAY NADIE QUE TENGA LOS PEDALES!… ¡SÓLO TÚ!

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